LA LARGA HISTORIA DE LA PANCARTA

 

Ayer nos mostró la candidez de una juventud ávida  de justicia en sedes partidarias, plazas o calles de  cualquier  ciudad del mundo. Según se decía, para  conquistarlo, la consigna: “vende patria cipayos del  imperio  versus  los  que no podían dejar de sufrir por  los pueblo empobrecidos y saqueados”. Resultan chocantes  pero aún en estos tiempos  hay que leerlas,  al menos por  las calles  de esta ciudad de Buenos Aires, aunque ya sin  cabida en el  subconsciente colectivo de la gente, seguramente por no haber un sólo político que pregone  el socialismo  y  viva como lo permite para con  sus gobernados, en  situaciones de calle y esparcidos  por  las plazas de países vecinos.  Además hay que tolerarlas como  los máximos estandartes de las llamadas democracias del relato, aunque  en estos casos por imperio de la prepotencia  y el sojuzgamiento  de sus habitantes. Tenemos que reflexionar y darnos cuenta  que nuestros derechos y libertadas individuales   no  se conquistan ni  fortalecen con sólo   emitir un voto para reelegir, una vez más, al  dictador  de turno.  También hay que tomar conciencia que  lo políticamente correcto  es otra mentira naturalizada para que nunca  seamos capaces de  aceptar  a la  democracia  como un sistema de gobierno participativo sólo  para  demócratas.  No todos lo  somos  y lo sabemos   desde siempre,  aunque sin el compromiso de legislar  las herramientas  que nos resulten  imprescindibles  para salvaguardarnos de quienes intenten  conducirnos a  un  gobierno  autoritario o al menos  influenciar y dañar nuestras instituciones  y sistemas de vida.  En este tema  es precursora  PROSUR,  de reciente creación  como organismo de cooperación  entre las Naciones Sud Americanas.  Su  Acta Fundacional fue firmada, el pasado viernes veinte y dos de marzo, en Santiago de Chile, entre otros,  por los Sres. Presidentes de  la República  Argentina,  Don Mauricio Macri;  el anfitrión,  Don Sebastián Piñera y el de Brasil, Don Jair Bolsonaro.  Allí se establece que en lo sucesivo se podrán adherir los países cuyos  habitantes gocen  del cabal ejercicio de sus derechos y  libertades individuales consagrado en sus Ley Suprema.  Por cierto,  la propuesta que se acaba de concretar ha sido muy inteligente  y oportuna por los tiempos que corren  y la tristísima y absurda pero real situación que están  viviendo  los queridos hermanos  de  la República de Venezuela. Con relación a este gran drama, espero encarecidamente  que llegado el momento intervenga el Tribunal Penal Internacional  y sancione  a cómplices  y responsables directos,  con las máximas penas,  por los delitos de lesa humanidad  que les quepa.  Gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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