ARGENTINA 2030

La ciudad está  conmocionada,   algo muy importante y trascendente está sucediendo, largas caravanas  recorren sus  calles  con los  jefes de estado de los  países más importantes del planeta. Motivo, reuniones finales y cierre  del G20,  aquí en la Ciudad de Buenos Aires.  Los temas son tres: el futuro del trabajo,  el armado de las infraestructuras para el desarrollo y la alimentación sostenible.  A mi entender el trabajo es inextinguible,   está más allá de toda connotación temporal y  política que no sea la adecuación  de sus leyes a los nuevos tiempo,  la preparación  especializada y  la férrea defensa  de la libertad y espíritu creativo de quienes producen.  Que se comprenda,  la desocupación cero no es una quimera,   sólo es una relación  entre lo que falta por hacer  para que el país en cuestión sea  una gran potencia económica  y  el derribo de las barreras  que lo impiden,  a través  decisiones adecuadas  a los distintos momentos políticos.  No es una tarea fácil, es un tema cultural, es un  convencimiento  sobre las bondades  de la producción  y  la conquista de nuevos mercados   para  erradicar la pobreza y la miseria estructural. Además de ser el único camino posible.  Por lo que queda, sólo resta  escuchar y aprender de quienes ya lo han hecho y priorizar la sanción  de  leyes como la de extinción de dominio,  el castigo  a quienes divulguen  estadísticas falsas, pretendan confundir a la gente con datos que no son verás  o por haber desmantelado las  entidades encargadas de su elaboración.  En fin, que se reforme  la Constitución Nacional  para que un presidente de la nación no pueda indultar a  miembros  de  un gobierno anterior del mismo partido, si estos le hubieren robado  al estado. Quiero un país rico, sin pobres ni políticos que expresen  en el sumun de la insolencia:   “…cuando nosotros  olemos sangre, nos unimos y  sacamos al gobierno de turno…”  o  “… me encanta el olor a pobre…”   Por suerte el susodicho luego aclaró  que sólo lo sería a través del voto de la ciudadanía. Este desmadre místico ha sucedido desde hace muchos  años al confundirse entre lo que son  actos de gobierno  y el acontecer religioso,  sin percibirse  que la vida es un misterio que como tal no se la puede  resolver y no un problema que se le plantee a un  jefe de estado que sí tiene solución, aquí en la tierra y sin el auspicio  del más allá. Por otra parte, la Constitución Nacional de 1853 ni en sus ulteriores reformas   se avala el reconocimiento de los  grupos de presión, religiosos o no. O sea el  lobby. Ayer, como  hoy  y siempre  es oportuno que nos aferremos a nuestra  Ley Suprema. Especialmente si quien  gobierna no actúa en desmedro del    pleno  ejercicio de nuestras libertades individuales y si el Código Penal  que se haya vigente, como el nuestro, no ha tipificado aún  como delito las barbaridades  que se  dicen y  hacen en nombre  de la libertad de expresión. Gracias