POR SIEMPRE LIBRES

 

Acaso,   sorprende la miseria, el hambre, el  vil asesinato por unas zapatillas o la misteriosa muerte en el zanjón.  Lamentablemente no y es  triste, porque dificulta las iniciativas que puedan existir para resolver el problema.  Ahora bien, también resulta  indignante y notorio  que  algunos  avivados  por los  resabios de un pasado mal resuelto  se reúnan  en las plazas  y rompan todo lo que  les rodea.  Si la policía no los apresa,  sus actos,   quedan impunes y sin ninguna respuesta en la eterna noche del olvido.  Estos  preparatorios de  insurrecciones, si bien frustrados,  su reiteración por parte de  los  mismos personeros no deja de ser grave  para la salud de  la democracia. La nuestra, la de todos los argentinos de bien.  Así lo fue días pasados,   en ocasión de votarse  la ley de Presupuesto   en la cámara  baja  del Congreso de la Nación Argentina.  Allí,  en forma  descarada y  por demás notoria,  para los millones de  personas  que mirábamos  los eventos por la  televisión, se trató de frustrar la sesión presionando desde dentro de la  sede  por los  desmanes  en sus calles aledañas. Que ellos mismos habían azuzado  hacía unos pocos minutos.  Juegan  a dos puntas, a que la oposición les tema y respete por sus fechorías y a entorpecer los actos de gobierno. Objetivo, que se les interceda  en las investigaciones por sus presuntos fraudes al estado. Es una  quimera ya se sabe, pero hay que reconocerles que por años así se ha  actuado  con la suerte de millones  y millones de  buenas personas. También sé,  que  más temprano que tarde  se  ha de  legislar en las principales democracias del mundo,  como también en aquellas que se precien  para lograrlo,  códigos de delitos contra las mismas. Acaso,  no es  verdad que tanto ayer como hoy los dictadores se apoltronaron en el poder manipulando las gentes sin dinero y  trabajo,  por serles más fácil de engañar.  Así lo ha sido, en nuestra región y  también  en  los confines  lejanos de nuestro planeta. Ahora bien, qué se puede pretender de quienes  rompen plazas y amenazan con prenderle fuego a cada uno de los edificios públicos.  Nada,  que no sean saqueos hasta  el quiebre de las finanzas  públicas y el avasallamiento de las instituciones.  Por supuesto  para seguir robando  e  ir aumentando la cantidad de pobres.  Sólo hay que observar  la caterva de personajes oscuros  que les brindan apoyo, de ellos cuidémonos  como de las peores  plagas  del planeta.  Lo podemos afirmar, sin  temor a equivocarnos,  quienes  ya  padecimos  sus prepotencias y desgobierno por años en nuestros bienes, afectos y cada uno de nuestros huesos.  También  lo pueden atestiguar los millones de  personas  que se han visto forzadas  a desplazarse  de sus lugares de origen por la falta de lo más elemental para vivir  y el  avasallamiento  de sus  derechos  esenciales como ciudadanos de países que en algún momento  fueron prósperos y libres. Defendámonos  y seamos precavidos, no permitamos que  las sectas y sus estúpidos  lacayos,  con sus disfraces multicolores,  nos quiten  la dicha de vivir  en un país libre que nos incentive en la comprensión, la tolerancia  y  en el amor por el semejante. Gracias