LOS SABIOS DEL EDÉN

 

Hace varios años y en una plaza de esta hermosísima ciudad de Buenos Aires, por curioso,  no me quedó otra alternativa que  aceptar el desafío de jugar una partida de ajedrez con un grupo  de gente mayor.  Todos ellos muy viejitos. Los resultados, no los recuerdo o prefiero no hacerlo, pero sí  sus actitudes respetuosas y  sus palabras plenas de fe y comprensión. En ningún momento les oí  lamentarse por sus muchos años de vida y de las  huellas de pasados sacrificios, sí por lo que dejaron de hacer y de sus proyectos frustrados de allá lejos y hace tiempo.  Hoy,  en un día  de calles llenas de  reclamos,  no puedo dejar de recordar lo que aconteció a fines del pasado año. Fue y es aún un problema de consideración que no se ha de resolver tirando cascotes,  ni especulando si se gana un peso más o menos con tal o cual plan o con tal o cual paritaria. Por aquellos días opiné y sigo opinando que  la miseria nunca se debe administrar, que no sea con fecha de vencimiento y un plan para superarla definitivamente.  De lo que también estoy seguro es de la necesidad de invitar  a los estúpidos violentos  que encapuchados rompen plazas  o hieren a policías que están desarmados para  que visiten los cementerios del país. Sí, para  que  visiten los cementerios y miren las lápidas de las tumbas,   tal vez  así  puedan llegar a convencerse que la expectativa de vida  ha  aumentado mucho en estos últimos años. Actualmente,  por muy poco la actividad laboral de una persona no llega a ser igual  a la del sector pasivo, desde ya, considero que no es la  solución  más adecuada el  aumento de los años para jubilarse. Lo es, en mi humilde entender,  permitir que se  involucre el sector privado sin fines de lucro, es decir  las ONG.  El plan se podría llamar “Nueva Oportunidad” y consistiría en que los mayores reciban un fuerte apoyo para que cumplan con una alternativa productiva de alta remuneración e  impacto social. Es decir hacer lo  que soñaron y no pudieron  o se animaron realizar. La otra alternativa es la ordinaria, que cobren sus jubilaciones en  los mejores términos posible. Estoy seguro que serán muy pocos los que no se involucren, sólo  los menos. Para  que se cumplan sus sueños  tendrán que prepararse con una antelación de al menos cinco años.  Por supuesto a través de la colaboración de las fundaciones,  porque la verdad, si es del corazón,  es más extraña que la ficción y más difícil de inventar.  Gracias