LA LÁGRIMA DEL ARLEQUÍN

 

Es nuestra tragedia,  la de mucha gente, la de millones y millones de argentinos  que no les alcanza el dinero y que  sólo con mucho esfuerzo pueden precariamente sobrevivir y pagar sus cuentas. Dolidos y aturdidos  por el engaño,  por la falacia del populismo de quienes ejercen su exacta  acepción  que es la de la hipocresía,  la de la trampa, la de la mentira  irracional, estúpida e irresponsable.  O sea, por  parte de  quienes   hoy se erigen  como  oposición progresista e incluyente aunque ya todos sepamos  que sus propósitos  son sólo el de mantenernos   en vilo con ilusiones y esperanzas  que nunca se han de concretar.  Personajes  nefastos  de la política del  ayer  que sólo creen en tu desdicha, pero no en tu felicidad, que sólo cuando no están  en el poder  son capaces de hablarnos   del   presente horrible y de la oscuridad por venir.  Del pasado nada, no hablar es la  mayor de sus consignas.  Así lo justifican siete décadas de  una alternativa de poder  ya legendaria y que aún en la actualidad  pretende nutrirse  sin ninguna vergüenza y en forma descarada,  de la angustia de los más necesitados para lograr  sus cometidos.  Sí, de  los hombres  y mujeres  de rostros dignos y miradas  tristes que día a día luchan  por  el bien de  sus  familias y  por un cacho de esperanza.  A veces su único alimento.  No se las quitemos, digámosles siempre la verdad,  y nunca, pero nunca los traicionemos.  Ayudémoslos en lo que necesiten, estemos codo a codo con cada uno de ellos, siempre, los trescientos sesenta y cinco días de cada año.  Seamos  sus  hermanos de la vida y humildes  ejemplos  de una nueva cultura de convivencia.  Hay que comprender  que todos somos un poco responsables  de la hora actual y que nuestra ayuda  sea lo que sea vale  muchísimo para quien la recibe aún sin ser la de un político relevante. Porque hoy por hoy este país  con  un setenta por ciento de su presupuesto afectado a la  ayuda social  se torna casi en  ingobernable.  Seamos sinceros y solidarios  con quienes entendemos  que están sufriendo,  sean o no nuestros vecinos y en más  seamos capaces de votar sólo  por el trabajo genuino y  una educación acorde a nuestras ancestrales costumbres. Sólo seamos capaces de mirar sus corazones así también el arlequín   será partícipe con su graciosa comedia  y  su festivo público que no es otro que cada uno de nosotros, ciudadanos  de un gran país. ¡Que pronto, así sea!  Gracias