EL OCASO

 

El actual  momento    requiere  que  todos transitemos  sin excepciones   el mismo  destino,  más allá de quienes nos pretenden hacer creer   que  vivimos en medio de  una horrenda  e insensible dictadura neoliberal.  Dictadura en la que sólo trabajan   los que se suben el bondi  al amanecer para encarar una jornada de doce horas diarias, mientras los  demás especulan aunque no se sepa dónde, total lo podemos inventar. El mensaje siempre fue claro,  ha llegado la hora de trabajar, de producir,  de mejorar cada día un poco más que el día anterior y de priorizar  la educación y la modernización del país. Por estas razones y la mucha buena gente  que está tratando de sacarnos del pozo tengo la osadía de decir que el problema no es la economía y menos aún lo que tenemos que hacer con ella a pesar de las serias dificultades que se arrastran desde hace bastante tiempo.  El problema es que estamos rodeados por una caterva  de sediciosos  que sólo pretenden generar discordias y tomar el poder a cualquier precio. Se valen de los actos  de gobierno o de cualquier otra circunstancia para politizarlos  y  cometer toda clase de  felonías, atropellos o delitos con total desparpajo y cinismo en nombre de la democracia.   Entre los cuales uno es no dejarnos  transitar  por las calles de esta ciudad de Buenos Aires o  de no permitirse expresar sus planes de trabajo a los señores ministros de educación de la Ciudad y de la Nación,  como sucedió  días pasados en la inauguración  de la Feria del Libro. Con total impunidad y  en nombre de la libertad de expresión. Craso error.   La  intención de los sediciosos, que no son pocos,  es poner en riesgo  los poderes de la República para  sumir  a  sus habitantes   en la apatía,  el caos y la violencia. No dudo que muy pronto   se  pondrán  en caja estos asuntos,  la Nación toda así lo requiere.  Tenemos que cuidar  nuestra imagen  no sólo aquí dentro  de nuestras fronteras  sino también  en los demás países en  donde los mafiosos disfrazados de demócratas están muy bien organizados  para traicionar nuestros más  nobles y soberanos intereses. Seguramente  por experiencia, en todos los rincones del planeta  tienen reparos  en que el progreso económico pueda ir atado al carro de la mentira y el   despropósito. Que no se dude  en dar el primer gran paso   que  no es otro que el de darnos cuenta  de que nunca estuvimos separados  para lograr  el  ansiado milagro económico por el que tanto hemos esperado. Sólo nos lo habían hecho creer los muy bien  organizados  activistas del Foro de San Pablo,  para que  asì  perdamos  la oportunidad histórica de ser los privilegiados sin más,  del fin de una época y de los cambios  que  en forma  inexorable se avecinan.  Gracias