LA ARROGANCIA DE YA NO SER

Un grupo de  importantes sindicalistas acaban de reunirse en Mar del Plata para almorzar y hablar sobre los bajos salarios de la “clase obrera”. Por su definición, ya  se indica que  constituyen un estamento  del que nunca podrán salir y en los hechos así también lo es, si se piensa que  para lograrlo   sólo le auguran   al gobierno de la nación todo tipo de calamidades y  de violencias. Algo así como, vamos a romper todo y  además  saquear cada tienda y joyería de los alrededores para así  protegerlos  de la  oligarquía corrupta  que les persigue. Peroratas que  después de más  de medio siglo  han de yacer grabadas  en cada piedra y árbol de nuestra querida Plaza de Mayo.  Sin embargo la gente  en su gran mayoría los miran entristecidos y azorados,  desde las veredas de enfrente o en sus casas frente al televisor. Son los que imaginan un país industrializado, que exporta productos de todo tipo y que cree  en el diálogo sincero como forma de gobierno. Cómo me hubiera gustado estar ahí, en esa reunión,  para poder hablarles de la importancia de generar nuevas ideas que ayuden a  la convivencia pacífica.   Para decirles, que cualquier movimiento sobre este  esquema de poder sólo  causará perjuicios, aunque sean transitorios,  a los que más necesitan. Que hay que producir cambios,  que no es un imposición, que es algo que viene desde abajo, del pueblo todo y desde hace por lo menos treinta años. Que ya los hijos no  adoptan a pies juntilla la profesión de sus padres, son sus propias  ideas las que hacen valer. Que vivimos un tiempo en que  no vale sólo el ritual ni  el  viejo protocolo. Que desde el más humilde se piensa como individuo  y no como integrante de una masa en donde unos pocos  pueden manipularla a su propio antojo.  Que los padres ya no convencen a sus hijos sobre las grandes virtudes del pasado, ahora para proyectar sus jóvenes ilusiones,  miran lo que hacemos y quiénes somos.  Por ellos, tenemos que repensar nuestras tristes historias de nuevo país porque ya no lo somos,  para así poder alejarnos definitivamente  de la violencia. Vivimos en un mundo con muchos avances en el  orden de la tecnológico, pero gobernado por ideas muy viejas.  Algunas demasiado viejas, como lo es la violencia y el paro innecesario. Gracias