CIUDADANO CELESTIAL

Allá lejos  en el tiempo y cuando sólo tenía unos seis años,  iba a una escuela rural  cercana a un arroyo, en el Centro Oeste de la provincia de Buenos Aires. Cierto día, que hacía honor a la primavera que se avecinaba, nos visitó el párroco de la ciudad para que comulgáramos y renováramos nuestra fe en Dios. Luego del ritual, el buen hombre comenzó a hablar sobre los  distintos aspectos  y misterios de la vida.  En el aula el silencio era total, un poco por respeto, otro por temor y otro poco para tratar de entender lo que el sacerdote nos decía. Entre otros asuntos,    indicó que “los pobres siempre van al cielo”. .. Pasaron los años y  comprendí  que aquel viejito simpático y con cara de buen tipo, tenía toda la razón que le puede asistir a una  persona. El interminable desfile de casas muy humildes que por el sur ofrecen su eterno  abrazo a la ciudad de Buenos Aires  disipó todas  mis dudas, y  dije: ¡Van todos al cielo! ¡Esa es la única alternativa que les queda a esta pobre gente!  ¡Que Dios se apiede de ellos y les conceda el Paraíso eterno! Aquí en la tierra nada tienen por hacer. Sólo les espera sufrimiento, cada día son un poco más pobre que el anterior. Así, por generaciones. Estoy  hablando de millones de  argentinos   abnegados     en su  cotidiano esfuerzo, junto a sus familias y seres queridos. Ahora bien, quiénes  son los responsables de que esta situación persista por tanto tiempo, de  estos resabios propios de lo peor que conocemos en la extensa etapa de la Historia Universal que  dió en llamarse, Edad  Media. No hay dudas que la responsabilidad directa es de quienes han gobernado el país en estos últimos sesenta  años. De quienes se ufanan por pertenecer a un partido con vocación de poder: ¡Que sigue el mandato y los deseos del pueblo!  O sea que a la gente le interesa pasar hambre y si es con  miseria mucho mejor.  Son responsables aquellos  que como ayer,  hoy no permiten   que se aprueben  leyes para reclamar ante los jueces el dinero que  falta de nuestras arcas.  Aunque fuere por hechos  que sucedieron cuando ejercían  puestos  de gran relevancia en la Administración Pública. Según dicen, nada oyeron ni nada vieron.  Son los que no combaten el narcotráfico u ocultan las estadísticas de  los desocupados.   Son los que  proliferan gritos de enojo y califican de neoliberales a quienes se atreven  hablar de inversiones, aunque estas fueren  para producir bienes y generar nuevos puesto de trabajo. Ignorando o haciéndose los distraídos de que  a aquellos  sólo les interesa la renta financiera. Estos señores, hoy políticos de la oposición,  lo saben mejor que nadie, porque lo practicaron todos unidos sobre las espaldas de millones de argentinos que ya por esa época les quedaba poco para  defenderse. Hoy,  seguramente hasta una mejor época,  abrieron el juego por separado,  pero sólo son lo que son, las lloronas del pueblo  en una Ferrari roja. Gracias