LOS ALBACEAS DEL DICTADOR

No es extraño que los mandatarios de paises que han sufrido tiranías, aunque no fueren extensas,  tengan problemas de desestabilización institucional durante sus mandatos de gobierno. El dictador se  ha ido  pero ha dejado su  impronta.  Impronta que és el daño  provocado por su gobierno  en el inconsciente colectivo  de la sociedad. ¡Su herencia! Por procederes antidemocráticos  que de ordinario se  naturalizan  y se hacen  muy difíciles de erradicar  en las primeras décadas o generaciones de vida institucional de un estado soberano. Es el temor al fracaso. Lamentablemente, en la mayoría de los casos  esta  circunstancia  es aprovechada  por  seudopolíticos mentirosos,  discordantes y prepotentes que no miden las consecuencias de sus actos cuando se trata de competir por la presidencia de una nación a través del voto popular.  Estemos atentos.  Son los  albaceas del tirano que ya no está, son los agitadores o señores de la sinrazón   disfrazados de demócratas.   Pueden ser de cualquier signo político, su disfraz sólo depende de las circunstancias, de la ocasión, de la oportunidad. No les importa.   Sólo les importa el poder, el dinero ajeno y la figuración.  Las democracias de donde fueren, cualquiera sea el continente al que pertenezcan,  tienen que defenderse de estos  auténticos malandrines. Ya sea a través de una legislación adecuada que ayude a preservarlas de quienes  habitualmente se hacen llamar  “políticos progresistas defensores del pueblo y los derechos humanos”. Ya sea a través del diálogo permanente,  la transparencia y  difusión de los actos de gobierno. O la intervención de la justicia penal ante un atáque público al sistema democático. Especialmente si ese ataque proviene de  quien tiene o cumple un rol preponderante ante la sociedad. Tampoco es posible tolerar que se justifique como  político el saqueo de un banco, el robo de los dineros del estado o  que en su nombre  se facilite la prostitución,   la venta de drogas o el tráfico de personas.  Según dicen, en defensa de los derechos del pueblo. El dictador mata a sus oponenetes con la tortura y las armas  mientras el falso demócrata  lo hace con el hambre y la miseria, en el mejor de los casos. La única  auténtica verdad que prodigan es la de la mentira como razón de estado. Ambos destruyen las instituciones de los países que los toleran  o que aún no han creado las herramientas parlamentarias necesarias para defenderse.  Las dictaduras tienen que  prevenirse como un accidente fatal  en una competencia  de alto riesgo.  Así,  la buena gente que es muchísima en todos los rincones del planeta y que  de corazón  desean prosperar y vivir  libremente sabrán cómo se logra y preserva la paz.  Su logro y preservación  no es sólo el esfuerzo  de políticos o generales bien intencionados es un estado de conciencia de toda una comunidad, es  saber entre lo que está bien o está mal entre lo que es peligroso o ha dejarlo de serlo  o entre quienes están los cómplices y ayudantes del tirano  caído en desgracia.   Así,   habrá paz por siempre  sobre cada comunidad del planeta tierra y se podrá ver, con claridad,  que si bien esos  grupos   irascibles, intolerantes y antidemocráticos   son muy pequeños en cantidad  no obstante serlo  muy grandes en su infinita maldad.  Gracias

 

¡QUÉ DÍA! ¡CHAU GRIETA!

No tengo dudas que en el día de ayer,  sábado   1º de abril de 2017, entre media tarde y las primeras horas de la noche se le puso fin a lo que aquí, entre  nosotros, los argentinos, se dio en llamar  ¡La Grieta! En esta memorable y multitudinaria convocatoria por la democracia había  personas de humilde condición que no  votaron a este gobierno  en las pasadas elecciones presidenciales  y muchos jóvenes que no quieren que su país  se parezca a Cuba o Venezuela. No había odio,  sí indignación  por el comportamiento destituyente, procaz e irresponsable de quienes tienen la obligación de proponer, acompañar y controlar  a través de las herramienta que nos da la democracia a las nuevas autoridades que gobiernan la Nación. Se autodenominan “oposición”, digo se autodenominan porque lamentablemente una gran parte de ellos  sólo les preocupa  llevar adelante e interpretar una trágica obra de teatro. Que bién podría llamarse “Cómo destituir a un gobierno democrático”.  Ya lo han hecho en otras oportunidades y aún hoy no se han podido superar sus nefastas consecuencias. Una de ellas un país fundido, las carencias educativas y los trece millones de desocupados.  Son sus instrumentos la mala fe, el cinismo y la mentira hasta donde lo permite la mayor estupidez por escucharse, que según las palabras del gran sabio  Eistein, junto con el universo, no tienen límites. Así lo  hemos  sufrido durante   estos últimos 15 meses y seguramente pretenderán que lo sigamos padeciendo por todo el mandato de este gobierno.  Se han propuesto, con palabras altisonantes y gesticulaciones de desquiciados,  hacernos creer que estamos ante el  inicio de una guerra civil.  No, no va ha suceder nada de eso. Sólo estamos ante el desmoronamiento de una gran farsa  de quienes buscan  encaramarse una vez más en el poder para  dar impunidad a los que se fueron y por supuesto seguir  con el verso de los “pobres”  que sufren.  Claro que sufren,  no precisamos que ellos nos lo digan, tampoco que son sus máximos responsables. Sí Señores, esto es lo que ha sucedido el pasado sábado  1º de abril de 2017. Un gran día, un día histórico que nunca más vamos a olvidar porque acaba de nacer una Nueva Argentina.  Tenemos que defenderla entre todos sin escatimar esfuerzos y sin que importe nuestro color de piel o nuestras  creencias, políticas o religiosas.  Gracias